– Hinchazón abdominal frecuente o persistente
– Dolor o presión después de comer
– Gases con olor muy fuerte de forma constante
– Cambios en el ritmo intestinal (diarrea o estreñimiento)
– Sensación de inflamación incluso con comidas ligeras
Estas señales pueden estar relacionadas con condiciones como el síndrome del intestino irritable, la intolerancia a la lactosa, el sobrecrecimiento bacteriano intestinal (SIBO).
Algunos alimentos son más propensos a generar gases debido a su composición siendo uno de los principales las legumbres (habichuelas, lentejas), los vegetales como brócoli, coliflor y las bebidas carbonatadas, lácteos y edulcorantes artificiales. Esto ocurre porque contienen carbohidratos fermentables, que las bacterias intestinales descomponen produciendo gas.
El intestino alberga billones de bacterias que forman la llamada microbiota intestinal. Este ecosistema influye en la digestión, el sistema inmunológico y la producción de gases, por lo que un desequilibrio en estas bacterias puede provocar una mayor producción de gases, inflamación o digestión lenta.
Aunque los gases son normales, deberías prestar atención si aparecen junto a pérdida de peso sin explicación, dolor abdominal intenso, sangre en las heces y fatiga constante.
Algunos cambios simples pueden marcar una gran diferencia, aquí te enumeraré unos cuantos:
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