“MI EXNOVIO RICO ME OBLIGÓ A CASARME CON UN MENDIGO HAMBRIENTO DELANTE DE LAS CÁMARAS PARA HUMILLARME.”

Desde las entradas, decenas de agentes de la Oficina Nacional de Investigación (NBI), armados y uniformados, entraron y bloquearon todas las salidas.

—¡Este dispositivo contiene todas las pruebas! —anunció Gabriel con firmeza—. Incluye evidencia de cómo saboteaste la empresa del padre de Clara, lo que llevó a su muerte, y cómo robaste el dinero de tus inversores.

Julian cayó de rodillas en el suelo de la iglesia. El hombre que creyó usar para humillarme era el mismo que había destruido todo su imperio. Lloraba y suplicaba mientras los agentes lo esposaban sin piedad.

—¡Señor Imperial! ¡Es como si tuviera compasión de mí! ¡Lo aceptaré como socio! ¡Clara! ¡Dile algo, nosotros estuvimos juntos antes! —gritó Julian mientras lo sacaban de la catedral frente a los invitados y cámaras.

Yo no sentí piedad. Solo lo vi desaparecer. El hombre que destruyó a mi familia había sido completamente destruido.

El verdadero juramento
Cuando la catedral quedó en silencio, Gabriel se giró hacia mí. Aunque aún llevaba ese traje viejo y desgastado, para mí era el hombre más elegante del mundo.

Tomó mis manos temblorosas.

—Clara —susurró con respeto y sinceridad—. Te he estado observando durante mucho tiempo. He visto tu esfuerzo, tu bondad y tu sacrificio por tu familia. Mi misión de detener a personas codiciosas como Julian está completa. Además, mi equipo ya ha explicado todo lo relacionado con la operación de tu madre en el mejor hospital esta mañana.

Mis lágrimas cayeron, no de dolor, sino de felicidad.

—G-gracias… señor Imperial.

—Llámame Gabriel —sonrió suavemente.

Se arrodilló frente al altar.

—No sé si aún crees en el amor después de todo lo que pasó… pero ¿puedo continuar este matrimonio, no como un castigo, sino como el comienzo de una vida llena de protección y amor?

Mis lágrimas siguieron cayendo mientras sonreía dulcemente. Entre los aplausos y gritos de los invitados que antes se habían burlado de nosotros, él besó mi mano.

Ese no fue el día de mi vergüenza.

Fue el comienzo de un amor que nació del disfraz más oscuro… y terminó con una verdad muy luminosa.

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